Trascurridos los plazos legales, la corporación municipal en el pleno extraordinario celebrado el día 16 de diciembre, acordó por unanimidad el referido nombramiento. Al día siguiente, la Junta de Gobierno de la hermandad formó cortejo con la corporación municipal acompañados de la Banda de Música Ntra. Sra. "La Soledad" hasta el santuario de Ntra. Sra. de la Soledad, estrenando por primera vez la bandera del patronazgo. El proceso prosiguió con un solemne acto al que asistieron la Corporación Municipal, autoridades, representantes de las hermandades y numerosos fieles. En el transcurso del mismo se dio lectura al acuerdo plenario, se bendijeron el bastón de mando de carey y oro del siglo XIX y estilo Isabelino y que fue donado por la Corporación Municipal y el arcángel de plata realizado en los talleres Villareal y donado por varias familias, y el alcalde José Eduardo Reina Hidalgo depositó simbólicamente el bastón como signo del nombramiento del título honorífico de Alcaldesa Mayor Perpetua de la Villa. El acto fue seguido de una Función Solemne, presidida por el párroco el Rvdo. Sr. D. Fernando I. García Álvarez-Remetería, y del descubrimiento de dos retablos cerámicos conmemorativos colocados a ambos lados de la puerta de entrada, y que recogen los títulos otorgados a la santísima Virgen de la Soledad y el contenido del acto.
Las celebraciones continuaron al día siguiente, 18 de diciembre, hace hoy 20 años, con una multitudinaria salida extraordinaria de la Santísima Virgen, ya como Alcaldesa Mayor Perpetua, recorriendo las calles engalanadas de la villa y visitando la Casa Consistorial, donde recibió una emotiva ofrenda floral. La masiva participación del pueblo y el fervor popular y religioso pusieron de manifiesto la profunda devoción de Cantillana hacia su Celestial Patrona.
Aquel nombramiento que hoy rememoramos vino a consolidar los históricos lazos entre la Virgen de la Soledad y el Ayuntamiento, esto es, entre la Iglesia y el pueblo de Cantillana, quedando para siempre como un testimonio de fe, amor y unidad que hoy, veinte años después, sigue vivo en la memoria y el corazón de todos los cantillaneros como un signo de arraigada devoción profesada por siglos por el pueblo a su bendita Reina y Madre de la Soledad.
