Inauguramos este ciclo de entrevistas con una figura clave en la realidad cofrade de nuestra Archidiócesis: D. Marcelino Manzano Vilches, Delegado Diocesano de Hermandades y Cofradías de la Archidiócesis de Sevilla. Sacerdote cercano y conocedor profundo del mundo cofrade, su labor al frente de esta delegación supone un puente constante entre la Iglesia diocesana y nuestras corporaciones, ayudando a que la religiosidad popular mantenga siempre su raíz evangélica y su plena comunión eclesial.
En un momento en el que las Hermandades están llamadas a reforzar su identidad cristiana, su compromiso formativo y su dimensión caritativa, la voz del Delegado Diocesano resulta especialmente oportuna. En esta entrevista abordamos cuestiones fundamentales para el presente y el futuro de nuestras Cofradías: la formación de los hermanos, el papel de la juventud, los retos pastorales actuales y su visión sobre la realidad de las hermandades.
Desde Passio Naevensis agradecemos a D. Marcelino su disponibilidad y cercanía. Les invitamos a leer con calma sus palabras, que sin duda nos ayudarán a vivir con mayor profundidad esta Cuaresma y a preparar el corazón para la próxima Semana Santa.
¿Cómo describiría el estado actual de las Hermandades y Cofradías en la diócesis?
Creo que experimentan una gran vitalidad, por la cantidad de actos y cultos que se realizan, así como la actividad caritativa. También por el hecho de los numerosos procesos de creación de nuevas hermandades que supervisamos y acompañamos en la delegación diocesana. Pero, por otra parte, las hermandades están expuestas al peligro de la mundanidad, el avance del secularismo, al decrecimiento en la práctica personal de los sacramentos y al riesgo de que se deforme su identidad plenamente cristiana y eclesial.
¿Cuáles considera que son hoy los principales retos pastorales y sociales de nuestras hermandades?
Ante todo, el crecimiento en la vida espiritual personal de los hermanos, pero también la necesidad de participar en la nueva evangelización, en el anuncio de Jesucristo (que, en muchos casos, será el primer anuncio que tantas personas reciban), y que es la dimensión de las hermandades que ha venido a sumarse a las tradicionales de culto, formación y caridad. Y en la progresiva recepción de la sinodalidad, crecer en la participación en la vida eclesial y el sentimiento de pertenencia a la Iglesia.
¿Qué papel juega la formación cristiana en la vida de las corporaciones penitenciales?
Un papel absolutamente fundamental. La formación es conocer más a Jesucristo, adherirnos a su evangelio, existir como cristianos, tener una más y mejor devoción a la Virgen. Esto, en las generaciones anteriores, se vivía de forma natural, algo que se tenía muy claro pero ahora no se puede suponer la fe en todos los que participan o se acercan a la vida de las hermandades. Y sin esta fe, la hermandad quedaría desdibujada en identidad, absolutamente empobrecida. Por otra parte, es un inmenso don del Señor poder ofertar a todos la oportunidad de ser verdaderamente cristianos, experimentar la alegría y la fuerza del Evangelio.
¿Cómo valora la creciente participación de jóvenes en las hermandades?
Es una noticia maravillosa ver que los jóvenes encuentran en las hermandades una puerta para entrar en la comunidad de la Iglesia y sentirla como madre, y que en Cristo encuentran esperanza y sentido. En las hermandades los jóvenes se encuentran acogidos, comprendidos y acompañados. Supone también una enorme responsabilidad para las juntas de gobierno y para los directores espirituales procurar que la hermandad sea lugar de encuentro para los jóvenes y un ámbito para que se encuentren con Jesucristo, y que ellos puedan aportar y participar en la actividad de la hermandad. Eso marcará para bien toda su vida futura, personal y espiritual. A los jóvenes también les diría que vengan a su hermandad, que llamen a esa puerta.
¿Qué iniciativas está impulsando la Delegación para fortalecer la misión evangelizadora de estas instituciones?
Desde la delegación diocesana aportamos materiales de formación cristiana, retiros para hermanos mayores, así como al asesoramiento en iniciativas misioneras concretas, y animando a las hermandades en las numerosas conferencias y predicaciones que tengo en ellas, para que trabajen en este sentido, preguntándose siempre si cada acto o culto está sirviendo para anunciar a Dios. Ahora también se sumarán con fuerza las propuestas del recientemente creado Observatorio de la Piedad Popular, ideado e impulsado por el Arzobispo de Sevilla, D. José Ángel Saiz Meneses.
En relación con Cantillana... ¿Cómo percibe la evolución y realidad de sus hermandades de penitencia?
Ante todo debo decir que la Semana Santa de Cantillana tiene una historia muy antigua y fecunda, enraizada en las tradiciones religiosas de la villa, y que es de una enorme belleza que, aunque nunca he podido verla en persona, sí la conozco por las distintas publicaciones de fotografías y videos. Las hermandades penitenciales de Cantillana son fieles a la Archidiócesis y lo que se les indica en cada momento, y estoy muy agradecido por esta permanente disponibilidad y compresión. Recuerdo con cariño haber predicado varias veces en la Hermandad del Consuelo, por ejemplo, con la curiosidad de que yo bendije el retablo de su titular en la fachada de la Capilla de San Bartolomé.
¿Qué aportan estas hermandades a la vida religiosa y social del pueblo?
Las hermandades son, en nuestra tierra, y por supuesto en Cantillana, el cauce principal de fe y religiosidad para muchísimas personas, y un verdadero tesoro de fe. Además, vertebran la sociedad y suponen muchas veces la más preciada de sus manifestaciones artísticas y culturales, algo que no podemos ni debemos obviar. Y mención aparte merece la ingente labor caritativa, que tanto contribuye a la mejora de las condiciones de vida de las familias, los pobres, los enfermos, etc.
¿Existe alguna línea de trabajo específica o alguna propuesta de la Delegación para acompañarlas en los próximos años?
Las líneas de trabajo vienen marcadas por el plan pastoral diocesano que esté vigente en ese momento, el actual abarca hasta 2027, y cada año determina unas prioridades espaciales. A esto sumamos la permanente animación del culto, la formación, la caridad y la evangelización a través de las actividades de la delegación, apoyando cursos de formación, vigilias de oración, etc.
Que la vivan cada año como un regalo del Señor y una oportunidad para amarle más, a través de nuestras cofradías, y que participen en las celebraciones litúrgicas de la Semana Santa, especialmente en la Vigilia Pascual de Resurrección. Les animaría a dar testimonio de fe saliendo de nazarenos, de acólitos, de costaleros, etc. o contemplando las cofradías en las bellísimas calles del casco antiguo de Cantillana.







































