En este tiempo de gracia que es la Cuaresma, hemos querido detenernos a reflexionar, de la mano de nuestro pastor, sobre la realidad que vivimos como Iglesia y como cofradías. A lo largo de la entrevista abordamos cuestiones de especial interés: el papel que desempeñan hoy las hermandades en la vida social y religiosa de Cantillana, sus grandes fortalezas como cauce de evangelización y comunión, pero también los retos a los que se enfrentan en una sociedad cambiante. Asimismo, hablamos de la juventud (presente y futuro de nuestras corporaciones) y de cómo vivir la Cuaresma no solo como antesala de la Semana Santa, sino como verdadero itinerario de conversión para el cofrade comprometido.
Les invitamos a leer esta entrevista con espíritu abierto y reflexivo, dejándonos interpelar por las palabras de quien, desde su ministerio, acompaña y guía la fe de nuestro pueblo. Que este diálogo nos ayude a vivir estos días con mayor hondura, fortaleciendo nuestra identidad cristiana y cofrade, y preparando el corazón para celebrar con autenticidad el Misterio Pascual.
Para comenzar, ¿cómo vive un párroco la llegada de la Cuaresma y la Semana Santa en un pueblo con tanta tradición cofrade como Cantillana?
Tengo que empezar diciendo que las Hermandades no son algo ajeno de la Iglesia, sino todo lo contrario, son Iglesia. Si hacemos esta distinción estamos poniendo en peligro nuestra fe y hacerlas rivales. Porque no podemos olvidar que los cauces de la fe son muy diversos. Y uno de ellos son las Hermandades. Porque mi fe me puede venir por una imagen de mi devoción o por esa piedad popular, y esa devoción está dentro de la Iglesia.
La Iglesia nos regala los tiempos litúrgicos (Adviento-Navidad; Cuaresma-Pascua) que hay que vivirlos todos con mucho ardor. En concreto la Cuaresma y la Semana Santa se viven con más fuerza y pasión porque nos prepara para el gran acontecimiento de Cristo y para el creyente, que es vivir su pasión, muerte y resurrección.
Y en Cantillana, que tenemos una tradición muy fuerte de Hermandades se vive muy intenso porque hay que compaginar los cultos y las procesiones, y para un párroco es complicado de armonizar, pero se hace.
Desde su experiencia pastoral, ¿qué papel cree que desempeñan hoy las hermandades en la vida social y religiosa del pueblo?
Cantillana es un pueblo muy marcado por la Piedad Popular (muy religioso) y bien sabemos que la vida social de nuestro pueblo todo se mueve en el ámbito eclesial. Por eso tenemos que saber respetar las tradiciones y costumbres de las hermandades y del pueblo.
Más allá de la Semana Santa, ¿de qué manera influyen las hermandades en el día a día de Cantillana como espacio de convivencia, ayuda y compromiso cristiano?
La convivencia en las Hermandades es un tema muy importante para mantener la armonía y el espíritu comunitario. Y lo primero es que tienen que empezar por ellos mismos, es decir, fomentar la comunicación abierta y respetuosa entre los miembros de la misma junta, y para ello respetar las opiniones, compartirlas y respetarlas, y sobre todo el diálogo para resolver los conflictos de manera pacífica. Y por supuesto, la colaboración y trabajo en equipo. Y de esta manera se convierten en ejemplo de comportamiento y actitudes positivas para los demás miembros de la hermandad, y todo eso repercute en la convivencia en el pueblo.
Con respecto a la ayuda y compromiso, bien sabemos que los tres objetivos de una Hermandad son Culto, Formación y Caridad. Y la Caridad en las hermandades se define por su compromiso con la ayuda a los demás y la difusión del mensaje de amor y compasión de Jesús. La misericordia sostiene a la Iglesia y las hermandades viven el evangelio en las obras de misericordia, en colaboración con otras entidades, y son las primeras en socorrer.
La situación de las hermandades es muy buena. Todas son importantes, pero cada una en su estilo. Con respecto a sus fortalezas y retos, observo que hay buena comunicación y colaboración entre ellas porque eso es fundamental para lograr objetivos comunes y fortalecer la comunidad. Las Juntas están muy comprometidas, no solo en el culto y procesiones, sino en el compromiso social y eclesial, y son flexibles y se adaptan a las necesidades cambiantes del momento. Hacen proyectos a nivel interno y externo, e implican al pueblo en ello. Es verdad que son 5 hermandades de penitencia, sin olvidar las 3 de glorias, y muchas veces la falta de recursos financieros y humanos puede afectar la capacidad de dicha hermandad para cumplir sus objetivos. Pero de esta manera aprenden a compartir y hay un aprendizaje mutuo.
La juventud es una pieza clave para el futuro. ¿Cómo ve la implicación de los jóvenes en las hermandades y en la vida parroquial?
Los jóvenes no son sólo el futuro de la Iglesia, sino que son el presente. Todos hemos sido jóvenes, y sabemos lo que ello implica, inquietud en todos los sentidos con la rebeldía que conlleva. Viven a gusto en este mundo que tanta confusión, inseguridad e incertidumbre provoca en los adultos; por eso se pueden sentir solos y abandonados y necesitan compañeros de camino, que sean coherentes; y sobre todo necesitan creyentes en los que confíen y les guíen en su crecimiento personal y de fe, como el Niño Jesús, que “iba creciendo en estatura y sabiduría”.
La mayoría de nuestros jóvenes se mueven en las hermandades y se acercan a la Iglesia por ellas y este cauce lo tenemos que potenciar y sanar; porque la participación de los jóvenes en las hermandades es fundamental para su evolución y renovación.
Tenemos que dejarles que aporten nuevas ideas y perspectivas para refrescar y actualizar la hermandad; eso sí, que no se olviden que tienen que seguir contando con la sabiduría de los mayores. Por lo tanto si se involucran en las hermandades también se implican en la parroquia.
Desde la parroquia, ¿qué se puede hacer para acompañar mejor a las hermandades y ayudar a que sigan siendo verdaderas escuelas de fe?
La Piedad Popular y las Hermandades siguen siendo fieles transmisoras de la fe cristiana, pero no pueden caer en una religión supersticiosa y pagana, esto no sería entender cuál es el fin de una Hermandad y de la Religiosidad Popular. La Piedad Popular está ahí y pertenece al pueblo de Dios que camina. Las Hermandades tienen que ser continuamente evangelizadas y llevarlas a una liturgia purificada. La Jerarquía de la Iglesia está tomando conciencia, cada vez más, que las Hermandades son necesarias para la transmisión de la fe y para vivirla, por eso empieza a preocupar este tema, y se está haciendo todo lo posible por hacer formación, reuniones, conferencias, etc. para una mayor y mejor purificación de la misma. Los sacerdotes tenemos que saber estar, acompañar y conocerlas en profundidad y entender sus valores que encierran.
¿Considera que las hermandades son una buena puerta de entrada a la fe para personas que están alejadas de la Iglesia?
Por supuesto. Las Hermandades son un altavoz de la evangelización y la puerta de entrada de mucha gente cuando tiene por primera vez contacto con la fe. Por eso tenemos que alentarlas para una mayor y mejor evangelización.
En una sociedad cada vez más cambiante, ¿qué mensaje cree que la Semana Santa de Cantillana puede ofrecer al pueblo y a quienes nos visitan?
Eso lo tienen que tener muy claro las Hermandades cual es su tarea principal: evangelizar. Nuestras procesiones no son solo un museo en la calle. Se tiene que notar que se hace por devoción y con fe. No están para competir, porque ante la gran indiferencia religiosa que nos rodea, tienen que saber catequizar y por eso sacamos por nuestras calles los misterios de Cristo y la gente tienen que alimentar su fe con la belleza de sus imágenes y pasos.
A nivel personal, ¿hay algún momento de la Semana Santa cantillanera que viva de manera especial como sacerdote?
Con respecto a los cultos el Triduo Pascual y la adoración del Monumento. Y en relación a los pasos todos tienen su momento y su encanto. Pero si te tengo que escoger, el que más me impresiona es la salida de Ntro. Padre Jesús y acompañarlo.
¿Qué mensaje le gustaría dirigir al pueblo de Cantillana al inicio de esta Cuaresma?
La Cuaresma es un tiempo de reflexión y de crecimiento espiritual. Que la vivan con intensidad porque la Iglesia nos convoca a un camino de conversión que nos prepara para celebrar con profundidad la Pascua. Y el miércoles de ceniza abre estos 40 días de gracia y esperanza en el que somos invitados a renovar la vida cristiana. Que no desaprovechen los cultos que nos ofrecen las Hermandades, porque es una manera de cultivar y mantener una mayor conexión con Dios y nuestra fe.
Y para terminar, ¿qué frutos le gustaría que dejara esta Cuaresma en el corazón de los cantillaneros?
Los mejores frutos son aquellos que agradan a Dios, así que cada cual sabrá lo que tiene que cambiar y hacer para ofrecerle lo mejor a Dios.

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