02/11/2026

LAS DOLOROSAS DE CANTILLANA VISTEN DE LUTO POR LOS FIELES DIFUNTOS

Las imágenes marianas de nuestras hermandades han sido ataviadas de luto con motivo de la conmemoración de los Fieles Difuntos, que la Iglesia celebra el 2 de noviembre. Santa María de la Caridad, Nuestra Señora del Consuelo y Nuestra Señora de la Soledad presentan sus atavíos para este mes, en el que el recuerdo y la oración por quienes nos precedieron en la fe adquieren un especial protagonismo.

Vestir de luto a las dolorosas durante noviembre es una tradición de la piedad popular que evoca el dolor de María ante la muerte de su Hijo y su cercanía a cuantos sufren la pérdida de un ser querido. El negro de sus vestiduras expresa duelo y recogimiento, mientras que la contemplación de la Virgen invita a vivir ese recuerdo desde la esperanza cristiana en la resurrección. En este sentido, Benedicto XVI recordó que María sostiene nuestra fe en la vida eterna y nuestra oración por los difuntos.

Santa María de la Caridad luce saya morada con aplicaciones en plata y manto liso de terciopelo negro. Completa el conjunto un tocado de antiguo tul de seda bordado y la corona de plata de Orfebrería Andaluza, en una composición marcada por la sobriedad de los tonos y la delicadeza de los tejidos.

Por su parte, Nuestra Señora del Consuelo presenta un tocado de seda salvaje y una saya negra bordada cedida por la Hermandad de la Vera-Cruz de Gerena, del ajuar de la Santísima Virgen de la Sangre. Porta, asimismo, la diadema y el corazón de la Santísima Virgen de la Soledad de Cantillana. Este atavío constituye una recreación histórica basada en el exvoto conservado en la Ermita de San Bartolomé, fechado en 1848, que recoge la representación más antigua conocida de la Santísima Virgen. Su presentación recupera así una estampa vinculada a la memoria devocional de la imagen.

Finalmente, Nuestra Señora de la Soledad viste la saya bordada en oro a comienzos del siglo XX conocida como "la del piquito", junto al manto de terciopelo negro estrenado en 2020, enriquecido con un galón de plata del siglo XVIII. Luce también una estola de Pasión del siglo XVIII y la corona de Espronceda, con canasto de 1922 y ráfagas del siglo XVIII. Como novedad, estrena un tocado de gasa natural bordada con motivos florales donado por un devoto.

Estas estampas de noviembre unen el patrimonio artístico de nuestras hermandades con el sentido espiritual de un mes dedicado especialmente a la memoria de los difuntos. Ante María, el recuerdo de los hermanos y seres queridos fallecidos se convierte en oración, consuelo y esperanza, manteniendo vivo el vínculo con quienes formaron parte de la historia de nuestras corporaciones y de nuestras propias vidas.

Fotografías: J. Ángel Espinosa