Para la ocasión, la Santísima Virgen lució la carismática corona de Palomino, enriquecida con el oro ofrendado por su pueblo con motivo de su Coronación Canónica, así como la conocida saya del Viernes Santo y el manto de camarín, dos piezas bordadas en oro hacia 1900 que forman parte del valioso ajuar de la imagen.
La jornada dejó también importantes novedades en el patrimonio de la corporación. La principal fue el estreno de un pecherín bordado en oro por las Hermanas Rama, siguiendo el diseño de José Naranjo Ferrari. La nueva pieza reproduce un antiguo pecherín que perteneció al ajuar de la Virgen a comienzos del siglo XX, recuperando así una estampa histórica de sus vestiduras. La obra contribuye así al enriquecimiento del patrimonio artístico y devocional de la Hermandad de la Soledad.
A este estreno se sumó, entre otros, un broche con la rosa liberiana ofrendada por el Emmo. y Rvdmo. Sr. D. Rolandas Makrickas, Cardenal Arcipreste de la Sacrosanta Basílica Papal Liberiana de Santa María la Mayor de Roma con motivo del anuncio que D. Manuel Martínez Valdivieso, párroco de Ntra. Sra. de la Asunción de Cantillana, realizara al término de la Solemne Función celebrada en la tarde del pasado sábado en el que hacía pública la Agregación Canónica del Santuario de Nuestra Señora de la Soledad a la citada basílica. Esta concesión supone un acontecimiento de especial relevancia para la Hermandad de la Soledad y para el pueblo de Cantillana en general, al estrechar lazos de fraternidad con uno de los templos marianos más emblemáticos de la cristiandad por ser el primero dedicado a dedicado a la Madre de Dios. Se trata de un reconocimiento de especial significado espiritual y eclesial que incorpora al Santuario cantillanero a una relación formal con esta histórica basílica romana. Así, desde el punto de vista religioso, la agregación lleva aparejadas gracias espirituales y prerrogativas concretas, de acuerdo con lo establecido por la autoridad eclesiástica competente y las disposiciones del Rescripto Pontificio.
Un acontecimiento que engrandece el legado devocional de generaciones de cantillaneros y que renueva la fe de un pueblo que encuentra en Nuestra Madre y Señora de la Soledad el refugio de sus plegarias, la herencia de sus mayores y el horizonte de su esperanza.













