06/04/2026

ESPLENDOR COFRADE EN UNA SEMANA SANTA PLENA

Hemos vivido una Semana Santa plena en lo externo y profunda en lo íntimo, en la que Cantillana ha vuelto a reconocerse a sí misma en el espejo de sus cofradías. Bajo un sol radiante que parecía bendecir cada jornada con la tranquilidad que ello otorga, las hermandades han tomado las calles no solo como expresión de fe, sino como legado vivo de generaciones que han sabido custodiar, transmitir y engrandecer una tradición que forma parte esencial de nuestra identidad. No ha sido solo una sucesión de días señalados, sino una manifestación colectiva de historia, sentimiento y pertenencia, de vivencia de una misma fe.

La Agrupación Parroquial de la Sagrada Entrada en Jerusalén de Nuestro Señor Jesucristo protagonizó uno de los momentos más significativos del Sábado de Pasión, poniendo al Señor en la calle en una jornada que trascendía lo meramente procesional. La participación de representaciones del resto de hermandades en el alegre cortejo, con motivo del XXV aniversario de la llegada a Cantillana y bendición de la imagen, simbolizó de manera elocuente la efemérides. El señor, ataviado con túnica blanca y mantolín burdeos, protagonizó un cortejo que evidenció que la historia reciente también se celebra y se honra, y que puso de manifiesto que, por encima de todo, nuestras hermandades caminan juntas, compartiendo fe, tradición y un mismo latido.

La noche del Miércoles Santo volvió a sumir a Cantillana en el silencio sobrecogedor de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Misericordia y Santa María de la Caridad, convirtiendo sus horas en la calle en un ejercicio de piedad. El paso de Cristo fue exornado con rosas, orquídeas cymbidium, leucadendron, lilium, dendranthema, hortensias y verdes ornamentales, mientras que el paso de palio lo adornaban rosas blancas y flor de arroz. El luto y el recogimiento se transformaron en un lenguaje propio que interpelaba directamente al alma, recordándonos que la Semana Santa también es pausa, contemplación y verdad desnuda. Es silencio, roto solo por el crujir de la madera y el acompasado caminar de los costaleros. Cada mecida del paso y cada cirio encendido adquiría un significado mucho más profundo pues la presencia del Señor Crucificado parece detener el tiempo, convirtiendo la noche en un acto de fe íntima y colectiva donde la devoción se hace calle y la misericordia se vuelve palpable.


El Jueves Santo, con la Hermandad de Nuestra Señora del Consuelo, volvió a poner de manifiesto la dimensión más íntima y devocional de nuestra Semana Mayor. La Virgen del Consuelo, que fue presentada en su paso de palio ataviada con tul blanco y la saya de la familia Pérez-Muñoz, presentaba un exorno floral  compuesto por rosas pink y moundial, statice, flor de arroz, allium, matiolas, hypericum, uvas y dianthusComo referencia espiritual para tantas generaciones, recorrió las calles de la localidad envuelta en ese halo de cercanía que solo las advocaciones profundamente arraigadas consiguen mantener. No es solo una procesión, es el reflejo de una devoción que ha atravesado el tiempo, que ha sobrevivido a cambios y dificultades, y que sigue latiendo con fuerza en el corazón del pueblo.

Unas horas más tarde, la Madrugá del Viernes Santo alcanzó una vez más su cénit con la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, Señor de los Pescadores. En esas horas en las que la noche se quiebra y el silencio adquiere otra dimensión, la cofradía volvió a ofrecer una catequesis viva en la calle. El exorno floral del paso procesional estaba compuesto de rosas rojas y moradas, anthurium, iris y alhelíes morados, clavel antiguo y cardenal, lilium, margaritas euro y tuyas. Como novedad en este 2026, la incorporación de la imagen del Cirineo, obra de Abraham Ceada, que no solo ha supuesto una novedad patrimonial, sino que ha venido a enriquecer el discurso iconográfico de la escena del Nazareno, subrayando el valor del acompañamiento en el camino del dolor. Un estreno que dialoga con la tradición, sumando capas de significado a una devoción ya profundamente consolidada.

Y como culmen, la Hermandad del Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo y Nuestra Señora de la Soledad, patrona de Cantillana, volvió a elevar el listón de la solemnidad y el sentido histórico de nuestra Semana Santa. La Virgen de la Soledad se presentó en su paso de palio con un exorno floral compuesto por dendrobium en su totalidad, con tocado de encaje obsequio de la coronación, saya bordada por las Hermanas Rama (2002) reproduciendo la saya perdida atribuida a los talleres de Patrocinio López, el manto de Juan Manuel Rodríguez Ojeda, y la icónica corona de Palomino, restaurada y remozada por el afamado orfebre cordobés Manuel Valera con motivo de su Coronación Canónica. El paso del sepulcro fue exornado con claveles color púrpura y el paso del Calvario con calas, rosas, iris, matthiola, allium y verdes ornamentales. Su cortejo, cuidado y medido, es mucho más que una procesión: es una representación simbólica del orden, la tradición y la memoria institucional del pueblo. La presencia de figuras alegóricas, la Corporación Municipal en pleno, las hermandades, autoridades y representaciones, configuran un conjunto de enorme riqueza que conecta lo religioso con lo cívico, lo espiritual con lo histórico, en una síntesis que define la singularidad de esta jornada. La Soledad no es solo una advocación, es símbolo de identidad cantillanera que queda manifestada en la mañana del Viernes Santo en la visita de pleitesía del pueblo de Cantillana a su Madre. Y por la tarde, cuando la Patrona recorre las calles, lo hace envuelta en un respeto y un amor que se percibe en el ambiente. Es luto y, a la vez, alegría cargada de emoción contenida por la inminente Resurrección del Señor.

Termina así una Semana Santa que no se agota en lo vivido, porque su verdadero valor reside en lo que permanece. Permanece en la memoria colectiva, en las emociones compartidas, en el compromiso renovado de quienes saben que esta herencia no es estática, sino que exige cuidado, respeto y continuidad. Ahora comienza de nuevo la espera, ese tiempo silencioso en el que Cantillana seguirá siendo cofrade los 365 días del año, aguardando el momento de volver a encontrarse con su historia hecha procesión.









Fotografías: Salvador Hidalgo
A. P. Sagrada Entrada en Jerusalén (Cantillana)
A. Payán
Rafa Garrido
J. Ángel Espinosa