En esta tercera entrega conocemos más de cerca a la saetera utrerana Ana Consolación García Segovia, directora de las Escuelas de Saetas “Ciudad de Utrera” y “Nuestro Padre Jesús Nazareno” de Cantillana. Su voz, marcada por la tradición y el sentimiento, se ha convertido en referencia dentro y fuera de nuestra tierra, y su labor formativa garantiza que este legado siga vivo en las nuevas generaciones.
Con ella conversamos sobre la saeta como vivencia de fe, como patrimonio cultural y como expresión íntima del alma cofrade. Una mirada profunda a un arte que, cada primavera, vuelve a estremecer nuestras calles.
Desde estas líneas queremos expresar nuestro más sincero agradecimiento a Ana Consolación por su cercanía, generosidad y total disposición para la realización de esta entrevista. Ha sido un verdadero honor contar con su testimonio y conocer más de cerca su trayectoria y su compromiso con el arte de la saeta.
Le deseamos de corazón que continúe muchos años más en Cantillana, sembrando devoción, formando nuevas voces y engrandeciendo, con su entrega y magisterio, nuestra Semana Santa.
Ana Consolación, naces en Utrera, cuna del flamenco, pero Cantillana se ha convertido en tu segunda casa. ¿Qué tiene este pueblo y su Semana Santa que te cautivó desde el primer momento?
Tengo que confesar que lo que realmente me cautivó de Cantillana fue su gente. Desde el primer día los cantillaneros me acogieron con un cariño y una admiración especial creando entre nosotros una relación muy estrecha y muy bonita que ha perdurado e incluso ha ido a más con el paso de los años.
Más adelante la Virgen de la Soledad ha despertado en mí sentimientos que necesito expresar con mi cante por saetas. También tengo una especial relación con la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y con su Titular.
Llevas muchísimos años participando en la Exaltación de la Saeta. ¿Cómo recuerdas aquella primera vez que le cantaste a los titulares de Cantillana y cómo ha evolucionado tu sentimiento desde entonces?
Recuerdo aquella primera vez con mucha nostalgia porque ya faltan algunos de los compañeros y amigos que estaban aquellas primeras veces. También recuerdo lo impresionantemente grande que me pareció la Iglesia y lo que me sorprendió que se llenara de gente hasta la bandera. Mis sentimientos han evolucionado como evolucionan en cualquier relación personal que se tiene en la vida porque como dicen el roce hace el cariño y son ya muchos los años que he ido a Cantillana y allí tengo grandes amigos a los que tengo mucho aprecio.
Son dos cosas muy distintas y ambas muy bonitas. Exaltar es difícil porque debes saber llegar al que te escucha a través de tu palabra. Cantar es abrirte en canal y no es que me resulte más difícil pero si es mucho más personal, es más íntimo aunque lo hagas en un lugar repleto de público. Si me tuviese que quedar con algo me quedaría siempre con cantar porque es la forma en la que rezo y expreso mejor mis sentimientos.
Hay un proyecto ilusionante que se está llevando a cabo con la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno ¿Cuéntanos como nace esta escuela de Saeta y cómo se está fraguando?
Desde la Hermandad existía una preocupación por la realidad en que se encuentra la saeta en Cantillana y ellos ya estaban planteando montar una escuela. Por mi parte, como presidenta de la Asociación Cultural "La saeta no se pierde", mi preocupación y compromiso con la saeta es total y también con Cantillana. La Asociación solicitó una subvención a la Diputación de Sevilla para abrir escuelas de saetas en 3 municipios diferentes y sabiendo que la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno tenía la misma idea e inquietud que yo no dudamos en ningún momento en que una de las poblaciones elegidas sería Cantillana.
La escuela ha sido bien acogida en Cantillana. Tenemos clases los miércoles en la casa hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno. Son ocho los valientes que están empezando en este bonito mundo.
¿Hay ilusión entre los nuevos cantaores?
Sin duda sí. En la escuela no sólo se aprende a cantar, también se enseña teoría, historia, evolución, estilos y una variedad de ejercicios lo que hace que las clases sean dinámicas y amenas. Hay un ambiente muy bueno y una gran ilusión por seguir aprendiendo.
La saeta es un palo del flamenco extremadamente difícil y espiritual.
¿Qué es lo primero que intentas transmitir a tus alumnos?
Que la saeta es una oración. Es mi prioridad. No entiendo la saeta sin fe y sin ser creyente. Y siempre intento que mis alumnos tengan muy presentes tres aspectos fundamentales: respeto, humildad y compromiso.
Nos parecía fundamental mantener la saeta cantillanera y la estamos trabajando en clase para que pueda volver a oírse en vuestra Cuaresma y Semana Santa.
Como mujer referente en este mundo, ¿cómo ves el futuro de la saeta en la provincia de Sevilla? ¿Crees que las nuevas generaciones están preparadas para tomar el relevo?
Si seguimos apostando por la saeta desde las instituciones públicas y privadas la saeta volverá a tener la importancia que ha ido perdiendo en las últimas décadas. Me parece muy importante que los saeteros noveles se preparen bien y tengan mucho respeto por lo que hacen porque no todo el mundo que canta está preparado para hacerlo y creo que ese ha sido uno de los aspectos que ha provocado este declive en la saeta. Las nuevas generaciones que mantengan este respeto estarán preparadas seguro.
Quizás más que una calle me quedaría con dos templos. Por supuesto, la Ermita de la Soledad y también la Capilla de San Bartolomé.
Después de tantos años de entrega, ¿qué legado te gustaría dejar en la Escuela de Saetas de la Hermandad del Nazareno?
Me gustaría que los saeteros de Cantillana fuesen personas de fe, humildes, que respeten lo que hacen y comprometidos con la saeta y con su pueblo.
.jpg)
%20(1).jpg)

%20(1).jpg)