16/03/2026

LA EMOCIÓN DEL DESCENDIMIENTO VUELVE A SOBRECOGER A CANTILLANA

En la tarde-noche del pasado domingo 15 de marzo, la Hermandad del Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo y Nuestra Señora de la Soledad de Cantillana celebró en su templo uno de los actos más sobrecogedores y cargados de simbolismo de su calendario cultual: el Sermón y Rito del Descendimiento, acompañado del Rezo de las Cinco Llagas y la procesión claustral de traslado al Sepulcro.

La ceremonia, que cada Domingo de Laetare convoca a numerosos fieles, volvió a celebrarse en un templo abarrotado que quiso participar de este solemne y emotivo rito que rememora las horas más trágicas de la Pasión de Cristo. Se trata, además, de una celebración profundamente vinculada a la historia del Santísimo Cristo Yacente, recuperada por la hermandad en el año 2014 después de permanecer cerca de dos siglos sin celebrarse, devolviendo así a la vida devocional de la corporación una tradición de gran valor histórico y espiritual.

El acto contó con la prédica de Fray Joaquín Pacheco Galán, OFM, Guardián del Convento de San Francisco de Estepa, cuya meditación invitó a los presentes a contemplar con recogimiento el misterio de la muerte redentora de Cristo. La liturgia estuvo acompañada por la Orquesta de Cámara "Santa Cecilia", que contribuyó a subrayar el clima de profunda solemnidad que envolvió toda la celebración.

Tras la lectura de la Pasión del Señor y la predicación, tuvo lugar el momento central del acto: el Sermón del Descendimiento. En un ambiente de profundo silencio y recogimiento, los "Santos Varones" procedieron a descender de la cruz el Cuerpo del Señor, en una escena cargada de dramatismo y simbolismo que evoca los relatos evangélicos del Santo Entierro. Especial emoción suscitaron también los instantes en los que los sacerdotes presentes representaron la unción del cuerpo de Cristo con bálsamos y hierbas aromáticas, gesto que rememora el amor y la piedad con que fue preparado para su sepultura.

Finalmente, y tras el rezo de las Cinco Llagas, la ceremonia culminó con la procesión claustral de traslado al Sepulcro, en la que la sagrada imagen del Señor fue conducida bajo la triste y dolorosa mirada de su bendita Madre, que contemplaba el momento desde su camarín, hasta su urna procesional, donde permanecerá a la espera de un nuevo Viernes Santo. Un acto de profunda raigambre espiritual y patrimonial que, año tras año, reafirma la identidad y la tradición de la hermandad, manteniendo viva una de las expresiones más singulares de la religiosidad popular de nuestro pueblo.





Fotografías: J. Ángel Espinosa