La Santísima Virgen, acompañada del discípulo amado, preside con majestad el altar efímero erigido para tan señalados cultos. La escena, cargada de simbolismo y recogimiento, invita a la oración íntima y al encuentro personal con la Madre del Consuelo en estos días de especial intensidad espiritual para su corporación.
Para la ocasión, Nuestra Señora del Consuelo luce nuevo manto en color cardenal, que aporta sobriedad y profundidad al conjunto. Se completa la vestimenta con saya blanca bordada en oro, símbolo de pureza, así como puñal en su pecho y corona de plata, signo el primero del dolor de la Madre y de su realeza la segunda.
La composición se eleva con candelería alta, aportando verticalidad y solemnidad al montaje, donde también destaca la presencia de la réplica del Cristo de la Vera Cruz y una cuidada muestra de orfebrería que enmarca la escena con delicadeza.
El exorno floral, exquisitamente seleccionado, está compuesto por matiolas, rosas de distintas variedades y tonalidades, allium, eryngium, dianthus, alstroemerias, statice y helecho coral oro, conformando un conjunto armónico en el que texturas y matices dialogan en perfecta sintonía con la estética del altar y la advocación dolorosa de la Santísima Virgen.
Un triduo que, sin duda, se convierte en cita ineludible para hermanos, fieles y devotos, que encontrarán en la Ermita de San Bartolomé un espacio de oración, consuelo y fervor mariano ante la mirada serena de María Santísima del Consuelo.
















