27/03/2026

FELICIDADES EN EL VIERNES DE DOLORES, EL DÍA DE CANTILLANA

En el corazón de esta primavera recién estrenada, cuando el aire de las cada vez más largas tardes huele a incienso y a promesa de Semana Santa, Cantillana se viste de emoción para encontrarse, un año más, con su Bendita Madre. Llega el Viernes de Dolores, jornada luminosa en la que todo un pueblo late al compás de un mismo sentimiento: el amor profundo a Nuestra Señora de la Soledad.

Cantillana no se entiende sin Ella. No es solo una devoción, ni siquiera una tradición heredada; es un vínculo vivo que atraviesa generaciones, que se aprende desde la cuna y se reafirma con cada mirada al rostro sereno y doloroso de la Virgen. Porque la Santísima Virgen de la Soledad no es únicamente la Patrona: Ella es Madre. Madre que acoge, que consuela, que escucha en el silencio de tantas plegarias susurradas en su santuario. Es Madre que permanece, firme y eterna, en los días de gozo y en las horas más oscuras.

En este día tan señalado, en el que su hermandad celebra Solemne Función Principal de Instituto, que este año 2026 será oficiada y predicada por el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Teodoro León Muñoz, Obispo Titular de Mentesa y Auxiliar de Sevilla, Cantillana entera se convierte en templo. Cada calle, cada balcón, cada rincón del pueblo parece inclinarse con respeto y ternura ante su Patrona.

Es jornada de fiesta, sí, pero también de recogimiento. De mirar a los ojos de la Soledad cara a cara en su besamanos y encontrar en ellos el reflejo de todo un pueblo que nunca la deja sola, porque sabe que Ella jamás abandona a sus hijos. 

Por eso hoy toca felicitar a todos los cantillaneros porque celebramos el "día de Cantillana". Felicitamos a quienes están y a quienes tuvieron que marcharse en la esperanza de verla "en la gloria por siglos mil". Porque todos, sin excepción, somos hijos de una misma Madre que nos une y nos protege bajo su negro manto.

Que la Santísima Virgen de la Soledad siga siendo faro, refugio y consuelo para su bendito pueblo y que nunca falte en nuestro corazón ese amor inquebrantable que nos hace, orgullosamente, pueblo de su Madre.

El equipo de Passio Naevensis.

Fotografía: J. Ángel Espinosa