La primera invitación del Pontífice es a dar espacio a la Palabra de Dios a través de la escucha. Escuchar, en este contexto, no es simplemente oír sonidos, sino abrir el corazón para dejarse transformar por Dios y por el clamor de los más necesitados.
León XIV señala que la escucha es también dar atención a las realidades de sufrimiento e injusticia que nos rodean, y que solo interiorizando la Palabra lograremos reconocer verdaderamente la voz de Dios en la liturgia y en la vida cotidiana.
El Papa explica que la Cuaresma invita al ayuno como práctica de conversión. No se trata únicamente de abstenerse de alimentos, sino de ordenar nuestros deseos, purificar nuestro corazón y despertar hambre de justicia y bien.
De forma especialmente novedosa, el Santo Padre propone un ayuno del lenguaje dañino: renunciar a palabras que hieren, juicios precipitados, calumnias o insultos, y cultivar en su lugar un lenguaje de respeto, bondad y paz, tanto en la vida diaria como en las redes sociales y espacios comunitarios.
Este tipo de ayuno, subraya, ordena nuestros deseos, fortalece la humildad y nos hace más capaces de dirigir nuestro corazón hacia Dios y hacia el bien.
El Papa anima a que nuestras comunidades sean lugares donde el clamor de los que sufren encuentre acogida y donde la escucha genere caminos de liberación y justicia, contribuyendo así a construir la civilización del amor.
En definitiva, el Papa nos recuerda que la Cuaresma no es un simple tiempo de prácticas externas, sino una oportunidad real para transformar el corazón; y para nosotros, especialmente en el ámbito de las hermandades y cofradías, es una llamada a que nuestra preparación de la Semana Santa nazca de una escucha sincera, un ayuno auténtico y una vivencia fraterna que hagan de nuestras comunidades verdaderos espacios de fe, comunión y caridad.

